miércoles, 2 de junio de 2010

Las subvenciones son un cáncer

Las subvenciones, pese a ser nociva para el interés general, son una palanca demasiado jugosa en manos de los políticos de cualquier ideología como para que renuncien a ella y cedan poder a la sociedad.

El "Todavía Ocupante" de La Moncloa lleva toda la razón.
Él no ha cambiado nada tras las últimas medidas anticrisis anunciadas:
- Sigue aferrado al poder, exactamente como siempre, como desde el primer día que vio que con la política podría vivir sin tener que justificar ninguna pericia en algo productivo. Esto que digo tiene una demostración concluyente: si quisiera sacar al país de la crisis, lo primero que tendría que hacer sería frenar el despilfarro escandaloso de los recursos públicos.
Y ¿por dónde se escapan ríos de dinero público en cosas inútiles? El Partido Popular se hizo eco ya de un clamor generalizado: hay que suprimir un montón de organismos oficiales, incluidos varios ministerios, que no sirven más que para gastar dinero y que se lo lleven unos cuantos.
No está mal; pero, por desgracia, el PP no ha ido al fondo del asunto, probablemente porque al PP tampoco le interesa. Pero si vamos al fondo del asunto, lo que nos encontramos es una figura de efectos deletéreos, un verdadero cáncer social que hay que erradicar. Su nombre es LA SUBVENCIÓN.

Alguien tiene que decirlo: las subvenciones, todas las subvenciones, deben suprimirse y ser sustituidas por otras formas de beneficencia. La subvención es un ejemplo de pésima administración del dinero extraído a la fuerza a sus legítimos dueños, que son los contribuyentes.

Estómagos agradecidos

Se supone que la subvención consiste en una ayuda con fondos públicos para determinada actividad que el Estado considera recomendable o beneficiosa para los intereses de la comunidad.
Lo primero que hay que preguntarse es por qué, si esas actividades son beneficiosas para la comunidad, no las emprende la comunidad. La respuesta suele ser que son actividades económicamente no rentables, pero necesarias. Suena bien. La lástima es que es un embuste de arriba abajo.
Veamos:
1) El concepto que los políticos tienen de lo necesario escapa por completo a cualquier acepción que el Diccionario da a esta palabra. Cualquier repaso a organizaciones y actividades subvencionadas excusa de cualquier comentario.
2) La baja rentabilidad es totalmente ajena a los criterios para subvencionar nada, y en algunos casos, como el sangrante del cine, la subvención aumenta cuanto más comercial se revele una película.
3) Suele decirse que sin subvenciones no habría creatividad, ni música, ni pintura, ni escultura. Otra falsedad, que se comprueba al ver la relación directa que hay entre la subvención y la mediocridad.
4) Se repite, para justificar el clientelismo y las arbitrariedades al derrochar fortunas enormes en subvenciones, que ahora no hay mecenas que financien según qué actividades artísticas o socialmente útiles. Si fuera así, y el Estado se considerase llamado a la parte, favorezca fiscalmente a los posibles financiadores, y ya veríamos si salen mecenas o no. Pero, ah, amigos, el Estado perdería poder. Y eso sí que no. Eso, de ninguna de las maneras. Por eso digo que el "Todavía Ocupante" y el Aspirante a Ocupar no van a estar por la labor de ahorrar el río de dinero con que se subvenciona a los estómagos agradecidos.

Imagine el lector una España en que las llamadas organizaciones no gubernamentales no recibiesen un céntimo del Gobierno, que para eso son no gubernamentales. Imagine el ahorro. Imagine la gran contribución moral del Estado al dificultar la proliferación de parásitos sociales, sobre todo en el mundo que llaman de la cultura y que cada vez tiene menos que ver con la cultura y más con el analfabetismo funcional. Imagine el lector el estímulo a la iniciativa en una España sin subvenciones, donde los cazaprimas (en expresión de ese prócer llamado Bono) tuvieran que discurrir formas de hacer algo en vez de formas de cobrar sin hacer nada.

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