martes, 11 de enero de 2011

¿Cómo podemos saber lo que pesa tu cabeza?


Acostumbramos a fijarnos en si hemos engordado o adelgazado, compramos básculas para el baño a fin de controlar la línea, nos decimos, tras un tiempo sin vernos, qué guapo te veo o qué grande te has hecho. Pero raramente solemos decir sí que te has vuelto culto o ahora eres menos amable que antes.

Si las ideas pesaran en nuestra cabeza, quizá las personas se fijarían más en el peso de su cabeza antes que en el peso de su cuerpo o el tamaño de su trasero. Pero ¿cómo podríamos entonces pesarnos la cabeza en este mundo hipotético?

Para dar respuesta a esta “trascendental pregunta” he consultado un par de libros relativamente recientes que espero que os arroje algunas soluciones útiles.

Sí, vale, la forma rápida sería a la francesa: guillotina, y zas, ya podemos pesar la testa aislada del cuerpo. Pero ese método tiene evidentes contraindicaciones. ¿Cómo conseguir una medición, entonces, conservando la vida?

Mick O´Hare, de la revista New Scientist, recogió algunas soluciones interesantes al respecto enviadas por sus lectores. Las vértebras cervicales son las responsables de sostener el peso de la cabeza, así que hay que colgarse cabeza abajo por los pies: entonces las vértebras del cuello se separarían ligeramente debido a que el peso de la cabeza tirará de ellas.

Para pesarse la cabeza no tiene más que bajar despacio hasta el tablero de una báscula en esa posición en la que está, colgado cabeza abajo. Debe mantenerse atento a la distancia entre la vértebra más alta del cuello y el cráneo, utilizando para ello, por ejemplo, un escáner ultrasónico, y en el instante en que la vértebra empiece a moverse hacia el cráneo debe parar y leer lo que marca la báscula. Como el cuello no está ejerciendo ninguna fuerza sobre la cabeza y ésta se halla aislada de él puede obtenerse una medida exacta de su peso.
Vale, no todos somos Tom Cruise en Misión imposible, así que este método resulta, cuando menos, un poco impracticable. ¿Algo más casero?

Según el doctor Graham Tattersall basta con un cubo de agua. Introducimos la cabeza en el cubo y calculamos cuánta agua hemos desplazado. Es cierto que no podemos determinar la densidad de todo lo que hay dentro de la cabeza, pero podemos acercarnos añadiendo algunos cálculos. Vamos a ello.


Conocemos la densidad aproximada del cerebro porque está formado mayoritariamente de agua, y conocemos la densidad del agua a 0 ºC. Así que nos rapamos la cabeza al cero y la introducimos en un cubo lleno de agua hasta casi rebosar. El agua debe de estar lo más cerca posible de los 0 ºC, para afinar más los cálculos. Entonces, cogemos aire, y metemos la cabeza verticalmente por la coronilla hasta llegar a la base del mentón.

Parte del agua del cubo se derramará en el proceso. Sacamos la cabeza del cubo. Ahora sabemos que el agua que ha salido del cubo equivale aproximadamente al volumen de nuestra cabeza. Para conocer de qué volumen se trata, debemos llenar de nuevo el cubo hasta el borde otra vez, pero usando una jarra de medir líquidos. Así sabremos exactamente cuánta cantidad de agua hemos desplazado fuera del cubo.

Un litro de agua pesa 1 kg, de modo que el peso de su cabeza expresado en kilogramos será igual que al número de litros de agua. En mi caso (como en el de la mayoría de adultos) sería 5 kg.
Pero, como hemos dicho, en nuestra cabeza hay más componentes con diferentes densidades. Por ejemplo, hay una proporción bastante elevada de hueso. Por lo tanto, nuestra cabeza tiene que pesar más que el agua. Al menos un 10 % o 20 % más. Basta con incrementar ese tanto por ciento al resultado. En este caso hipotético, serían, por ejemplo, 6 kg.

Sin embargo, tal y como señala Mick O´Hare, para tener una medición más exacta vale la pena repetir el proceso unas cuantas veces y hacer el promedio.

¿Se os ocurre alguna forma más ingeniosa o precisa?

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