jueves, 5 de abril de 2012

Detenida y golpeada antes de la misa del Papa en la Habana - Testimonio de Dania Virgen García








El martes 27 de marzo en la tarde, fui severamente golpeada y arrestada a la salida de la Iglesia de la Catedral, donde participaba en la misa de la vigilia papal, día ante de que el Papa Benedicto XVI, realizara la misa en la plaza José Martí.

Fui golpeada, pateada, arrastrada por el cuello de escalera abajo de cuatro metros de altura, por el mayor de la unidad de la policía de Zanja, perteneciente al municipio de Centro Habana. Fui esposada por atrás y tirada en un calabozo, donde me hicieron orinarme y ensuciarme en los pantalones. Estuve más de 32 horas detenida, con los pantalones sucios, sin que pudiera bañarme hasta que llegue a mi casa.

Soy Catolica practicante, y desde hace mas de tres años se me ha impedido participar en las misas de mi comunidad, por lo que las autoridades de este país, han amenazado a la comunidad de la iglesia, no he dejado de comulgar, y para comulgar y participar en las misas los domingo he tenido que ir a varias iglesia, por el solo hecho de pensar por el bien de mi país.

Ahora se me impidió participar en la misa, y fui torturada psicológicamente, y física mente, después de haber sido directora de catequismo, y confirmada por el propio Jaime Ortega.

Reclamación al Ministerio del Interior de Atención a la Ciudadanía, Fiscalía Militar provincial, y Arzobispado de la Habana

De: Dania Virgen García GarcíaCI: 6911083261

Residente en calle 110 número 19305, entre calzada de San Miguel y 119, residencial San Miguel, municipio San Miguel del Padrón, Ciudad Habana, Cuba.



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El pasado 27 de marzo, alrededor de las 5 y 10 de la tarde, fui detenida a la salida de la misa en la Catedral de La Habana, por oficiales de la Seguridad del Estado, junto a dos oficiales mujeres, una de ellas, una Tte. Coronel, todos vestidos de civil, pertenecientes al departamento 21, no identificándose, me introdujeron a la fuerza en un carro patrullero.

Dentro del patrullero fui severamente atropellada por estas mujeres, que me apretaron los brazos hasta dejarme marcas.



Se me condujo para la unidad policial de Dragones. Al negarme salir del carro, ya que pregunte cuál era el delito que había cometido para esta detención arbitraria a la salida de la iglesia, siendo una católica practicante, confirmada en el año 2009 por el propio cardenal Jaime Ortega, y que como ciudadana de este país tenía derecho a ir a la iglesia, estas mujeres me contestaron que a los contrarrevolucionarios se les tiene prohibido entrar a las iglesias, y acto seguido me arrastraron por los brazos junto a los policías de la patrulla, y me arrastraron hasta el patio del cuartel.

Allí permanece por espacio de 30 minutos, hasta que fui esposada, arrastrada y obligada a montar en otro carro patrullero, donde me llevaron para la unidad de la policía de Zanja.



Allí se me sacó del carro con las manos esposada y fui tirada en el medio del pasillo de la parte de atrás de la unidad, donde estuve unos 40 minutos, hasta que llegó un Mayor con quien tuve un careo, y este se molestó porque le dije la verdad en su cara. Entonces me trasladó a rastras para una oficina situada en el segundo piso, donde seguí pronunciándome y reclamando mis derechos como ciudadana.

Inmediatamente llegó el jefe de la unidad, y le comunicó al mayor que me llevaran para los calabozos. Al negarme a caminar, el Mayor me cogió por el cuello, y junto con el jefe de la unidad y otro oficial, me arrastraron escalera abajo. Esta escalera tiene una altura de 3 metros.



Todo esto fue en presencia de las dos mujeres oficiales que me detuvieron.

La blusa se me subió en el forcejeo y todos los que se encontraban allí, hasta los detenidos, vieron partes íntimas de mi cuerpo. Cuando me introdujeron en el calabozo, seguí pidiendo explicaciones acerca de por qué estaba allí. Entonces, el Mayor me puso las esposas por atrás, y me tiró en el piso del calabozo, donde permanecí hasta después de las 10 de la noche. Como no me dejaron ir al baño, me vi obligada a orinar y defecarme en los pantalones. Una hora después fue que me quitaron las esposas.

Me negué a tomar agua y a comer desde que entré al calabozo. Se me estuvo torturando física y sicológicamente por más de 33 horas, hasta que se me liberó al otro día, el 28, a las 9 y 45 de la noche.

Pido que se haga justicia con los responsables de los actos degradantes e inhumanos, que me sucedió, porque se violaron todos mis derechos humanos y ciudadanos, y además la Constitución de la República de Cuba.

Firma:
Dania Virgen García

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